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Peregrinar viene del latín per-agri. Pues sí, esa ha sido la sensación estos días. Recorrer campos, caminos, ciudades y lugares por donde camino Jesús. Hemos regresado, hace una semana, de nuestro viaje a Tierra Santa. Todo sigue igual, pero todo es diferente. La mirada ha cambiado. Recorrer los caminos de Jesús, los ha hecho más cercanos en nuestra vida. Hemos pasado de idear lugares del Evangelio a poner imágenes reales a la vida concreta de Jesús.

Toda peregrinación es un viaje hacia uno mismo, aunque sea una caminata a Javier. Ese viaje interior es personal,  pero la manera de realizarlo, sin duda, es en grupo.  La verdad es que ha sido un grupo-regalo. De diferentes orígenes al final del viaje hemos unido los corazones recorriendo los caminos de Jesús.

El viaje como tal ha sido de una gran intensidad, tanto física como anímicamente. Recorrer de la A-Z la vida de Jesús ha sido una experiencia conmovedora.  En nuestras queridas fiestas de San Fermín, se habla de “momenticos”. Estos son chispas especiales en la fiesta que solo entienden y disfrutan quienes han mamado la fiesta desde pequeños. Nuestro viaje por Tierra Santa ha estado lleno de momenticos, bueno momentazos. No tanto en los lugares claves, llenos de turistas, sino en las Eucaristías diarias, llenas de paz y de sosiego, compartidas y gozadas. Estas, nos han ido acercando nuestro corazón al de Jesús y hemos vivenciado su vida, su camino, su hondura y su relación con el Padre y los hermanos. Una propuesta de felicidad para todos.

Recorrimos los lugares emblemáticos de su vida, Nazaret, Caná, Monte Tabor, Banias nacimiento del río Jordán, Cafrnaun y el lago de Tiberiades, Betania, Jerico, Belén, Ain Karem, la santa y cautiva  Jerusalén, con su Vía dolorosa, Calvario, S. Sepulcro, Getsemaní. También lugares emblemáticos para los judíos y musulmanes, Muro de las lamentaciones, explanada de las mezquitas, etc. El viaje se alargó a Jordania, visitamos el monte Nebo, donde Moisés vio la Tierra Prometida. A su vez visitamos el desierto e Wadi Rum y su legendaria historia con Lawrence de Arabia, Aqaba en el Mar Rojo, y la inmortal Petra, cuna de los nabateos. En los lugares señalados, vibramos renovando el bautismo, nos emocionamos repitiendo nuestras promesas matrimoniales y renovaron los votos nuestros hermanos menores franciscanos…

Pero no todo fueron lugares. La comida fue otro punto destacable en los hoteles. Falafel, hummus, pez de San Pedro y toda clase de verduras, y el maravilloso licor Arak, repusieron nuestras fuerzas físicas.

De reponer nuestras fuerzas espirituales, ya se encargaron Ion Mari y Fausto, a su estilo desde abajo, como hermanos menores y todo el grupo con su participación activa en todo, cada día. Especial reseñar a nuestros tres jóvenes del grupo Joseba, Estibaliz y María, se multiplicaron en ayudarnos a interiorizar con los cantos, a inmortalizar los “momenticos” y ayudarnos en la relación en inglés con otras personas.

En fin un recorrer caminos entre campos, peregrinar pues, en una Tierra que rezuma aroma y vida de Jesús en relación con los hombres y mujeres de su época, que sigue teniendo la misma frescura y actualidad para todos nosotros hoy.

Iñaki Lezaun (Pamplona)

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